La construcción de la colosal obra del Embalse de Salime para la producción de energía eléctrica constituye uno de los mejores y más monumentales exponentes del patrimonio industrial de Asturias.
Esta titánica construcción forma parte de los 100 elementos del Patrimonio Industrial de España.
Durante la construcción del embalse de Salime se crearon varios poblados para alojar a los obreros, quienes contaban con diferentes niveles de especialización en la empresa.

A Paicega es uno de los poblados que se crearon para albergar a los trabajadores del embalse. Situado en la cima de la ladera izquierda de la presa, a una altura de 597 metros sobre el nivel del mar, está enclavado en términos del concejo de Pesoz. Permaneció activo de 1948 a 1956 y tenía capacidad para doscientos obreros que cubrían buena parte de sus necesidades con los servicios con los que contaba el poblado: economato, barbería, cuartel, cantina, iglesia, escuela de niños, panadería.
Tras la finalización de las obras del embalse, los trabajadores abandonan el poblado y A Paicega quedaría progresivamente deshabitado, y el paso inexorable del tiempo lo dejó en un estado de ruina permanente que le confiere un halo de misterio.
Sin embargo, a pesar de su estado ruinoso, A Paicega destila un encanto incuestionable. Entre los restos de las viviendas aún se conservan algunas paredes en pie y ventanas,

mientras que la iglesia permanece imperturbable desde que fue consagrada en 1948 a la Virgen de la Luz. Gracias a la iniciativa vecinal, este templo ha sido rehabilitado para albergar un espacio cultural. Todo ello, conforma un escenario que pareciera expresamente diseñado para evocarnos todo tipo de sentimientos al contemplarlo.

Desde el mirador de A Paicega, ubicado en la parte baja del poblado, se disfruta de una vista espectacular del cañon del río Navia y del entorno montañoso que lo rodea. Además de un pequeño templete construido en los últimos años, que forma parte de la actual Área Recreativa de A Paicega y hace las veces de mirador encontramos también una estructura de las antiguas dependencias que se ha hecho popular gracias a su forma de marco que encuadra perfectamente el embalse, creando una excepcional ventana paisajística que sirve a menudo como referencia para los amantes de la fotografía.

Cuanta añoranza, llegué a Paincega con 3 meses y salí con 3 años mi madre pasó ahí 4 años largos, mi padre varios más, no se el total, por lo menos 6–7, Yo no recuerdo nada, pero mis padres hablaban tanto del lugar, que es como si lo hubiera conocido y recordado toda la vida, nunca volví y me queda ese pesar, tantas veces he querido ir y siempre se torcian los planes,cuanto me hubiera gustado recorrer lo que fueron sus calles, los restos que quedan, tal vez reconocer mi casa por las fotos que tengo, estar en ese mirador, sentarme en esa ventana y sobre todo entrar a esa preciosa Iglesia en donde fue bautizada mi hermana menor, ¿ como sentir añoranza de un lugar que no se recuerda ? Las fotos de entonces y las que he visto después me hacen pensar que corretee y jugué en ese lugar.
Muchas gracias por compartir con nosotros un recuerdo tan emotivo y lleno de cariño hacia A Paicega. Es emocionante comprobar cómo un lugar puede formar parte de nuestra historia y de nuestros sentimientos incluso cuando apenas guardamos recuerdos propios de él. Ojalá algún día puedas cumplir ese deseo de volver, recorrer sus rincones y reencontrarte con ese lugar que, de alguna manera, siempre ha formado parte de tu vida. Gracias por ayudarnos, con tus palabras, a mantener viva la memoria de La Paicega.